Esta crónica está dedicada a las fieles chicas del coro de la iglesia Evangélica
Libre de Propatria de los años 80 y a su directora Lila Segovia.
...A Dios sea la Gloria.
El tema musical "Mi Credo", es un regalo que recibí de Dios hace ya mucho tiempo. Todo comenzó en los años 80 con una audición para ingresar al coro de jóvenes de la pequeña iglesia Evangélica Libre de Propatria.
Todos calificaron, incluyendo a mis hermanos Ángela y Arnaldo, menos yo. La directora del proyecto, era la jovencísima Lila Segovia, quién con los años se convertiría en gran amiga y hermana. Lila para ese entonces, ya demostraba excelentes dotes de líder. Ella me explicó que yo carecía de oído musical y no había podido acertar ni una sola nota. Esto me entristeció mucho, hasta el punto que caminé hasta la plaza de Propatria, me senté en un banco y lloré. Le pedí a Dios que me ayudara a componer una canción que llegara al corazón de aquellos que la escucharan. Yo rogaba poder ser el autor de una música profunda, espiritual, auténtica, que diera la Gloria a Dios.
Lila Segovia cuatro en mano, dirige la coral de Propatria compuesta en su mayoría por muchachas. Yanalet, Rany (el único varón), Inés, Anita Ludmilán,Yelitza, Yeizlene, Clara, Yosmar y Neyda (de espaldas)
Por recomendación de mi amiga Neyda Muñoz, compré una guitarra con el empeño de aproximarme de alguna manera a la música. Era una guitarra barata fabricada en china con un puente alto que me sacó sangre y callos en las yemas de los dedos. El proceso fue frustrante y estuve a punto de rendirme hasta que cayó en mis manos un libro que se había convertido en un Best Seller para ese entonces. El libro se llamaba Ilusiones, su autor era Richard Bach, el mismo del afamado libro Juan Salvador Gaviota.
En una de las páginas del texto, se describía
a un hombre llamado Donald Shimoda,
una suerte de mesías, que ejecutaba
de forma sorprendente una guitarra barata
tomada de la estantería de una ferretería.
Se producía un diálogo
entre Donald Shimoda y el autor.
Las líneas que saltaron ante mí eran éstas:
"— ¡Es maravilloso, Donald ! ¡ No sabía que supieras tocar la guitarra! — ¿No lo sabías? Entonces, ¿es que piensas que, si alguien se hubiera acercado a Jesucristo con una guitarra, este habría contestado "no sé tocarla"? ¿Lo habría hecho?"
Fue un texto confrontador y maravilloso. Algo así como una revelación. Sentí que iba a poder tocar el instrumento, eso era lo que significaba. Jesucristo habitaba en mí corazón, y no había nada imposible para él.
Aprendí sin técnica ni metodología, a punta de experimentación y cuando la frustración me ganaba al no poder tocar lo que quería, decidí combinar acordes al azar e intenté ponerle letra, hacer poesía. Lo poético era algo que había practicado desde niño y era mi verdadera área fuerte. Si no podía cantar y tocar los temas de otros, al menos cantaría en privado mis propios intentos de canciones
Dos años después, en 1984, cuando contaba con 22 años, recibí casi al dictado la canción. No puedo explicar cómo ocurrió. Fue como si no interviniera mi intelecto en la creación. La música fluyó simultánea junto a cada estrofa.
Debo reconocer que tengo ciertas falencias importantes, lo cual ha hecho sentirme inseguro al momento de calificarme como músico. Aunque soy músico de oído, prefiero autodenominarme "Cantautor", desde la comodidad de lo que puedo tocar, interpretar y crear según mi registro vocal y mi ejecución en la guitarra, que algunas veces considero demasiado básica para lo que anhelo realmente.
En uno de los tantos campamentos a los que asistíamos. Aparezco en el centro con franela gris, luciendo el afro que me caracterizaba en aquella época
Una madrugada de campamento, me parece que en La Guaira, le canté a Lila "Mi Credo". Ella casi ni reaccionó. ¿Sólo eso compusiste? ¿Más nada? - Preguntó. Intentaba decirme que era una obra grande, pero pensé que mi propuesta era deficiente. Ella recuerda ese momento de la siguiente manera:
La caligrafía "perfecta" de Lila, emula una reproducción hecha en computadora
"Lo compartiste conmigo antes del devocional grupal (eran como las 6.30 de la mañana) y yo quedé tan impactada que hasta se me salieron las lágrimas. Te dije que ese canto debía ser nuestro lema en ese retiro y así fue. Incluso para que no se me olvidara lo transcribí de una vez en una hoja pentagramada, haciendo la partitura. En verdad, no puedo escuchar o cantar el credo sin que me conmueva y eso ha sido desde el primer día que lo escuché"
En poco tiempo Lila arregló "Mi Credo" para las presentaciones del mismo grupo coral en el cual había sido descalificado.
Se convirtió en el himno que precedía al importante ceremonial de la Santa Cena todos los primeros domingos de cada mes. Para ese entonces pastoreaban Valmore Amarís y su esposa Thalía.
Valmore, se dio a la tarea de recopilar himnos clásicos de todos los tiempos y los agrupó según su temática. Los reprodujo litográficamente y encuadernó en forma de libros que fueron distribuidos en las bancas de la iglesia para la lectura de los cantos congregacionales. Estos libros tendían a deshojarse y había que abrirlos con mucho cuidado. El pastor Valmore creyó conveniente incluir "Mi Credo" en la sección: Vida Cristiana. Fue un honor estar entre los grandes compositores cristianos de todos los tiempos, al menos en esa rareza editorial que disfrutamos en nuestra iglesia.
Si se trata de género musical, "Mi Credo", es un himno religioso, litúrgico. No pertenece a la balada, ni a la canción. Yo no sabía nada de eso, pero debido a que en nuestra iglesia cantábamos himnos que en su mayoría tenían cuatro estrofas y un coro que se intercalaba entre cada una, a mi me pareció normal que tuviera esa estructura.
Para ese entonces surgió un Festival de Música Cristiana liderizado por un joven llamado Franco Arnone.
Franco Arnone, creador y promotor del Festival de la Canción Cristiana
El festival involucró al talento de muchas iglesias. Por increíble que parezca, tres de los participantes, fuimos representantes de iglesias diferentes y al mismo tiempo, miembros del llamado Grupo Casalta. Una demostración del talento que existía en el grupo liderizado por Adolfo y Nancy Lara. Éramos muy amigos, se trataba de Isaí (Ludwing) Vargas, representando a la Iglesia Presbiteriana El Redentor, Thaís Ledezma, representando a la Iglesia Las Acacias, y mi persona, con el apoyo de la pequeña iglesia de Propatria.
Isaí (Ludwing) Vargas, Thaís Ledezma, y Roberto Molinares
Fui el solista en esa ocasión, acompañado por las fieles muchachas de nuestro coro. El tema con que participamos fue otra composición de mi autoría llamado "Oh mi Señor", pero no llegamos a clasificar y quedamos fuera del festival. La ganadora de esa primera edición, fue nuestra amiga y hermana Thaís Ledezma con una composición de corte épico de los adoradores José Delgado y Miguel Rojas, que anunciaba la venida de Cristo de tal manera que hacía erizar la piel. El tema se llamada: Escuchen Pueblos.
Acompañado de Neyda Muñoz y José Gregorio Farías
Para la edición del siguiente año, Lila escogió como solista a una hermana de nuestra iglesia que era casi una anciana. Tal vez no lo era, pero cuando uno es joven, suele ver a los mayores como personas muy adentradas en años. La hermana Emma de Arismendi era una dama muy dulce que tenía un canario en la garganta. Lila escogió un tema adecuado para su voz, pero la hermana Emma se puso intransigente. "Mi Credo o nada", fue su respuesta y fuimos al festival convencidos de que era un himno sublime, pero no para competir con creaciones que tendrían un corte diferente.
Durante su presentación, la hermana Emma extasió al público al punto que la multitud del Gimnasio Naciones Unidas la acompañaba haciendo retumbar el lugar. Debido a que son cuatro estrofas y cuatro coros, el público lo captó fácilmente y comenzó a entonarlo. Era emocionante, parecía que íbamos a ganar. Ella alargaba las notas, transportada a esferas celestiales, cantando un poco más lento de lo normal. La hermana Emma clasificó, pero en la segunda vuelta, la gran final, terminó en quinto lugar.
La intérprete ganadora fue Marisabel Inciarte, de las Acacias, con un tema compuesto de nuevo por José Delgado.
Casi 30 años más tarde conocería a Peter Ascanio, quien fuera uno de los jurados de aquel festival. Me contó que que hubo contradicción entre los jurados, y que personalmente él se opuso a dar como ganador a "Mi Credo", pues consideró que no encajaba en las convenciones del festival.
Esa tarde se sinceró conmigo y me confesó:
"He olvidado todos los temas que se cantaron esa noche, pero el coro del Credo, aún resuena en mi cabeza, no he podido olvidarlo".
Reencuentro con algunos amigos de aquella época. Aparezco junto a Maigualida, Neyda, Rafael, Yelitza, Mireya y una joven eterna; Carmen, "La Vitalicia"
Lila me ha dicho en muchas ocasiones que el tema es una obra "perfecta", que se evidencia en el tempo y la métrica de las estrofas y la profundidad de las declaraciones que expresa. Ella se ha encargado de difundirlo, llevarlo a otras instancias y auditorios desde aquel primer momento hasta la actualidad. Otras personas, lo han catalogado como; "obra de arte" o "joya musical". Y lo es, porque es producto de la inspiración Divina. A veces me parece una obra extraída del período Barroco. Le encuentro un parecido al Canon Pachembel, pues comparte con esta obra algunas secuencias de acordes, pero para el momento en que recibí el dictado celestial, no tenía conocimiento alguno al respecto, no sabía nada de Pachembel como compositor, por supuesto no conocía su famoso Canon, ni sabía que había sido uno de los precursores de Bach.
Nos queda mucho recorrido. "Mi Credo" aún no ha sido grabado discográficamente. Sueño con que sea difundido, que llegue hasta los confines de la tierra. Me desconcierta el hecho de que en un mundo donde suena tanta música mediocre, una pieza tan sublime permanezca inédita.
Ruego a Dios que complete su obra y finalmente el himno transcienda más allá de lo que ha podido llegar. Es un orgullo que mi hijo David se convierta en un continuador de mi obra y pueda interpretar mis canciones. "Mi Credo" es uno de sus temas favoritos, lo canta con verdadera devoción y ha podido interpretarlo como solista acompañado por el coro de la Iglesia Bautista Emanuel La Castellana, dirigido por mi fiel amiga Lila, quién ha demostrado un gran respaldo a muchos de mis temas musicales. Sin ella, Mi Credo, no sería conocido.
En la Iglesia Presbiteriana El Redentor, con el coro de la Iglesia Bautista Emanuel, bajo la dirección de Lila Segovia
El tema marcó una época en nuestra juventud en la Iglesia Evangélica Libre de Propatria y más tarde en el Grupo Casalta. Me alegra saber que la música compuesta para Dios, nunca pasa, ni pasará de moda.
Espero que quien la escuche sea tocado por El Espíritu de Dios y pueda ser bendecido.
"Creo en sus Prodigios y Milagros, no hay nada que sea imposible para Dios..."
En el siguiente VIDEO, mi Hijo David Molinares Interpreta Mi Credo junto a la Coral IBE.
Dirige Lila Segovia. Iglesia Luterana La Resurrección. 2019.
En este otro video hacemos una versión en guitarra del Tema.
Estudiantes de Pedraza. Fotografía perteneciente al álbum de la familia Molinares Sánchez
Por Roberto Aníbal Molinares Sánchez
No todos tienen la dicha de poseer el legado fotográfico de nuestros
antepasados. Documentos que pueden datarse en casi un siglo. Personajes más
allá del tiempo que intentan aferrarse al presente aún cuando muchos estén
desdibujados y diluidos en un color sepia que se parece al olvido.
El álbum
familiar es un portal que abrimos de tanto en tanto. Un laberinto de rostros,
modas, instantes y paisajes. Retratos de personajes que posan ante la lente con
seriedad mortuoria. Una suerte de resignación, como si en lugar de estar frente
a la cámara, estuvieran a punto de ser fusilados. Aunque se trata del
ejercicio mágico de apresar un momento, ninguno sonríe. Tomarse una foto debió
ser un suceso importante que requería no respirar, reírse, ni moverse. No era
para menos, se trataba de un retazo de la historia que quedaría eternizado.
Nuestro
álbum también sufre los embates del tiempo. Antes, perfectamente encuadernado,
unía sus hojas por un espiral metálico que aún perdura, pero sosteniendo unas pocas
páginas. La mayoría de sus hojas se han desprendido y eso ha hecho que perdamos
el orden cronológico, si es que alguna vez lo tuvo. Hoy como
siempre, recreamos la visita al pasado con la ayuda de nuestra madre,
conocedora de los rostros que habitan el álbum. Se apoya en una lupa para
rescatar los detalles y precisar las identidades. A pesar de sus noventa y dos años y
su visión deteriorada, es la única guía que puede orientarnos en los laberintos
que se abren. Vamos en pos de una tarea difícil, comprender el paso del tiempo,
poniendo la marcha en reversa para detenernos en un momento específico.
Es una
fotografía pequeña, pero por fortuna poseemos una copia ampliada, de la cual se
ha eliminado de manera digital el tinte añejo y amarillento. Muestra a un
grupo de escolares de Pedraza, el pueblo enclavado en las riveras del gran río
Magdalena, donde vivió y fue criado nuestro padre Ángel Horacio Molinares Castro.
La foto
tiene unos 86 años, un documento histórico de un valor sentimental
incalculable. El momento corresponde al año 1936. Al fondo del
grupo, puede apreciarse una pared construida con barro y caña brava que
probablemente fuese parte de la humilde estructura de la vieja escuela que había sido
levantada en la plaza, al lado de cárcel y muy cerca de la Iglesia.En el
centro de la foto está Rubén Darío Vásquez, uno de los maestros de
nuestro padre. El otro maestro de papá, fue Miguel Altamar, y ambos ejercieron una poderosa influencia en
nuestro padre, quien recordó sus enseñanzas no sólo en el aspecto académico,
sino que sus discursos se convirtieron en pilares fundamentales de ética y moral
que acompañaron a papá el resto de la vida. El buen terreno que representó mi padre
para ese legado de conocimiento y virtud, fue algo que hubiera llenado de
orgullo a sus maestros. Papá nos aconsejaba sobre la vida y las oportunidades desperdiciadas, entonces lo citaba
―El Señor Rubén nos decía: “El tiempo que se va, hasta los santos lo lloran”.
Rubén Darío Vásquez
acompañado por dos chicas
de la escuela femenina,
una de ella es Elsa Movilla, prima
y hermana de crianza de nuestro padre
El maestro Rubén debe haber sido fotografiado en otras oportunidades porque ha adoptado una pose
estudiada, casi Napoléonica, mirando
al costado, ofreciendo tres cuartos de su rostro mientras que todos los demás miran
al frente esperando el fogonazo del bulbo de magnesio, con excepción de un niño
de la fila de abajo, que mira a la derecha rompiendo la armonía del grupo. Es
probable, que este infante hubiese sufrido de lo que ahora se ha denominado “Trastorno
de Hiperactividad con Déficit de Atención”, porque de seguro, los adultos y
maestros debieron advertir al grupo previamente con una aleccionadora cantaleta la obligación imperiosa de no moverse. La captura del momento requería el mayor
esfuerzo de todos. Los padres vistieron a sus hijos con sus mejores galas,
desempolvaron corbatines y corbatas, lustraron zapatos y engominaron el cabello
de sus pequeños. Nadie podía desperdiciar la oportunidad de ser perpetuado de
forma presentable. Imaginamos al fotógrafo transportando su cámara, trípode,
bulbos, focos, acompañado de su personal auxiliar, navegando hasta Pedraza
desde Calamar en una canoa expresa, embarcación a la cual se le había adaptado
un motor fuera de borda Johnson.
Los brazos
del maestro están cruzados sobre el pecho. En una mano sostiene un diploma enrollado
como símbolo de lo que todos pretenden. El docente viste formal y está flanqueado por
dos chicas que debieron pertenecer a la escuela femenina. Sabemos que una de ellas es Elsa, prima y hermana de crianza de mi padre, pero ignoramos cuál es. En esos tiempos,
varones y niñas asistían a escuelas separadas. La presencia de estas chicas aporta un aura especial, son hadas madrinas que equilibran la rudeza de tanta
testosterona.
Nuestro padre a los 8 años de edad
Nuestro
padre es el quinto alumno de derecha a izquierda de la línea compuesta por los niños
menores que aparecen abajo. Tiene un mechón de pelo sobre la frente y tiene una
mirada torva. Luce moreno, a pesar de
que no lo era. Imaginamos que en el grupo deben estar algunos personajes que
papá mencionaba por sus sobrenombres,un tal "Boñe", Luis Pablo Jiménez, alias "El Ñeca", Manuel Narciso Santander, el "Mañe", Guillermo Manrique, Jaime Patiño, Guillo
Tapia, Carlos Tapia, un tal Becerra, que tenía un lunar que le arropaba el
rostro y al que sus compañeros llamaban “Cara Peá”, como si las flatulencias
tuvieran la propiedad de teñir porciones de piel humana. El lunar nos podría
ayudar a identificarlo, pero la foto presenta rasguños, puntos de polvo y
manchas que en la versión ampliada se aprecian mucho más grandes como si una
lluvia de asteroides flotara sobre algunos rostros. El remoquete “Cara peá”,
nos aclara también, que hace 84 años, jóvenes y niños eran víctimas los unos de
los otros, de lo que ahora se ha llamado Bulling. Es lamentable, pero todavía
hoy, no hay distintivo más identificador de un personaje que su defecto a
simple vista.
En el grupo
debe estar también un tal Rafael David, a quien confundían con papá, y por ello
a ambos, estando juntos o separados, eran llamados “Mello”. Con el tiempo, el
parecido entre ambos se disipó. Probablemente también estaría otro
condiscípulo, Alfredo Domínguez. Papá nos contaba, que Alfredo había sufrido un
accidente terrible al caer de un árbol tratando de alcanzar un fruto llamado “caimito”.
Las fracturas de sus piernas y brazos fueron reducidas a sangre viva, colocando
cada hueso en su lugar al ser entablillado. El responsable de este
procedimiento, fue el curioso del
pueblo. Un señor, del cual no tenemos el nombre. Este sujeto le componía los
dedos a papá cuando se los estropeaba al jugar descalzo con la bola e’ trapo. Papá decía que el “traumatólogo”
tenía unas hijas gemelas ya grandes que se encargaban de agarrarlo e
inmovilizarlo hasta que el curioso jalaba
y ubicaba las falanges contraídas. Era preferible la tortura, a la “Limpia” que
seguro le daría mi abuelo Roberto Molinares, si llegaba a verlo cojeando. Por otra
parte, la terapia de rehabilitación de Alfredo Domínguez, consistió en
movilizar infinidad de veces una pila de arena con una pala. Con semejante
ejercicio, Alfredo quedó como nuevo.
Alfredo Domínguez
se reencontró con papá en Venezuela para la navidad de 1973. Ese 24 de
diciembre, Alfredo estaba tan pasado de tragos, que se puso a bailar y a dar
vueltas al son de los vallenatos de nuestro tocadisco. En uno de esos giros, se
llevó el árbol de Navidad como si fuera una pareja y lo derrumbó. Las
bambalinas rodaron y algunas se quebraron, pero esta vez, Alfredo resultó ileso.
En la mañana del 25 de diciembre, muy emocionados abrimos nuestros regalos. No
me gustó mucho el mío, tanto es así, que no recuerdo lo que era, pero quedé
prendado del regalo de mi hermano, un guante de beisbol infantil que era el
sueño de cualquier niño. Unos cuantos días después, Alfredo Domínguez regresó a
nuestra casa. Estaba sobrio y contento, aunque un poco abochornado por el
incidente del árbol. Alfredo me entregó un paquete. Al rasgar el papel de regalo descubrí un guante igual
al de mi hermano. Siempre lo recordaré por ese gesto. Alfredo era de la misma
edad de mi padre y asistía al mismo grado. Tiene que estar en la foto, pero no
podemos precisarlo.
Otro personaje sobre el cual elucubramos, es
el rubio de corbata que está a la izquierda y porta un libro en su mano.
Suponemos que podría ser el primo de papá, Hermógenes Movilla. Nuestro padre
solía recordarlo rubio y con los ojos azules; "como dos bolitas de vidrio de
jugar uñita".
Hermógenes Movilla
Papá usaba la frase “El sol
le ofendía la vista”,para
describir la sensibilidad extrema a la luz que tienen algunas personas de ojos
claros.Hermógenes era hijo de América Bermúdez,
hija a su vez del gran maestro,
Rafael A. Medina, considerado por algunos cómo el más influyente músico de la
cuenca del Caribe Colombiano del siglo pasado.[i] Un
hombre de quien nuestro padre solía decir que había estudiado en Panamá y era
capaz de transformar el trinar a los pájaros en partituras.
Papá recordaba un
suceso que conmovió a Pedraza: una mujer llamada Josefita Castellón, presintiendo
su muerte, encargó su propia marcha fúnebre. El día del sepelio, el pueblo se
volcó a las calles. La marcha: Dolor de
madre, resultó ser una pieza magistral que estrujó los corazones a tal
punto que nuestro padre recordaba haber visto a los dos policías de Pedraza llorar
en la vía pública.
América, la hija del viejo Medina, había sido
receptora del don musical. A los doce años contaba con 24 alumnos y era tan versátil
que parecía jugar con las teclas del piano. Sin embargo, a pesar de ser una
niña prodigio, pareció hartarse del yugo que significaba la dura disciplina. Se
apartó del piano para siempre. Hermógenes, el joven rubio de la foto, quien había
heredado parte del talento de su abuelo Rafael Bermúdez, pues era aventajado ejecutante de la trompeta, joven, falleció El nieto de Rafael Medina;de
tuberculosis en 1951 en la ciudad de Barranquilla.
Entre los
personajes inolvidables, siempre amados por papá, no debería faltar su primo
hermano "Juancho", a quien papá recordaba como su guía y mejor compañero. Siendo nuestro
padre hijo único, Juan Manuel Acosta Bermúdez, se constituyó en su
verdadero hermano. "Juancho", era tan sólo dos años mayor que papá, por lo tanto debía estar en edad
escolar y ser parte del grupo fotografiado. Papá decía que "Juancho" tenía el
cabello crespo. Aunque mamá coloca la lupa sobre cada rostro, no tiene manera
de identificarlo. Pero por suerte tenemos una foto tipo carnet de Juancho en su
juventud, y vamos a echar mano de herramientas digitales. Ya digitalizada, la transparentamos
para poder solaparla sobre la foto también digital del grupo. Lo podemos
apreciar en la pantalla de una computadora. Vamos probando la “máscara” sobre
cada personaje. ¡Eureka! Un rostro arroja bastantes coincidencias. Se halla justo al lado de papá ¿Dónde más podría estar ubicado sino al lado de su compinche? Juancho tiene la cara levantada y mi padre la tiene hacia abajo. Estamos felices y emocionados, hemos encontrado al primo
Juancho gracias al photoshop. Es como si pudiéramos darle un abrazo.
Juan Manuel Acosta (Juancho) y nuestro padre Ángel Horacio Molinares Castro
En la foto
aparece Gabriel Lozano Martínez, quien era unos ocho años mayor que papá. Esos
8 años de distancia con papá hacían gran diferencia. Gabriel, está ubicado
detrás de Hermógenes y ambos llevan pantalones largos.
Más que moda, era un indicativo de adultez. Hemos podido ubicar a
Gabriel gracias a una foto suya de adulto, y hemos realizado el mismo
procedimiento de usar la foto de adulto como máscara para ver en cual rostro
juvenil encaja. Existen leves diferencias, pero todos los rasgos
característicos están presentes. Haber acertado otra vez, es motivo de alegría,
pero lo es aún más, el hecho de saber que Gabriel Lozano Martínez era el único
sobreviviente de esta foto y que para el año 2020 contaba con buena salud física y
mental. Había llegado para ese entonces a 102 años de edad, convirtiéndose en el personaje más
longevo de Pedraza. ¿Cómo lo sabemos? Lo hemos leído en una publicación
reciente, escrita por nuestro pariente, Álvaro Rojano Osorio[ii].
La foto de Gabriel Lozano Martínez, la hemos obtenido de del link posteado en el
facebook del autor.
Gabriel Lozano Martínez en 3 tiempos. La última a los 102 años de edad
Se trata de una crónica-entrevista, donde Gabriel Lozano
Martínez, expone parte de su biografía y rememora eventos históricos del pueblo
que coinciden con las historias que papá nos relataba. Por ejemplo: el descenso sorpresivo de un hidroavión que posó sus patines sobre las aguas del río Magdalena, asustando a las babillas y a los caimanes, pero atrayendo a todo el pueblo. La muchachada corrió a ver el fenómeno: un avión que no se hundía. A los "pelaos", le siguieron los adultos y luego, un poco retrasados, los viejos. Estos últimos, venían apoyados en sus bastones, también llevaban prisa a pesar del reumatismo y los dolores propios de la vejez.
Otro suceso que nuestro padre nos contaba, y que coincide con el relato de Gabriel Lozano Martínez, en la entrevista hecha por nuestro primo Álvaro Rojano Osorio, es la llegada de Francisco "Pacho" Rada, uno de los primeros juglares del acordeón. Papá nos relataba que a Pacho lo ubicaron sobre una mesa a manera de escenario, debajo de un árbol de olivo que estaba en la puerta de la casa de Sebastiana Santander. Papá le oyó improvisar unos versos que le quedaron por siempre en la memoria:
Yo vine el domingo en la tarde
Como todo el mundo me vio
Yo conocí al alcalde
Y él también me conoció.
Pacho Rada, el alter ego de "Francisco El Hombre", el valiente personaje de leyenda que había vencido al Diablo con sus ingeniosos versos, había hecho su entrada en Pedraza sin mayores equipajes, pero con un cargamento especial: varios burros llevaban sobre sus lomos una batería de acordeones. Bien es sabido que el acordeón viene de fábrica con una determinada afinación y para poder tocar un repertorio versátil, entre tonos menores o mayores, y abarcar toda la escala crómatica completa, son necesarios varios acordeones.
El maestro de los Juglares Vallenatos:
"Francisco "Pacho" Rada. 1907-2003
El Alcalde de Pedraza que había tenido el honor recibir aquellos versos de Pacho Rada, bajo el olivo de de la casa de Sebastiana Santander, se llamaba Pablo Yejas.
Con los años, Pablo Yejas, ya mayor, emigró a Venezuela con su hijo Álvaro Yejas y parte de su familia. Se constituyeron en gente acomodada de la sociedad caraqueña de los años 50.
Cuando nuestro padre, contaba con 26 años, también decidió probar suerte en Venezuela y buscó apoyo en sus coterráneos. Con los años, papá y Álvaro Yejas, a pesar de ser de distintas clases sociales, se hicieron compadres. Papá lo escogió como padrino de mi hermano Arnaldo.
En los años
90, papá quiso sorprender a su recordado primo Juancho con un gesto especial. Aprovechando un viaje de Manuel (Tato) Bermúdez, un primo en común, le entregó una copia de la foto para que la depositara en sus manos. Juancho quedó atónito al contemplar la reliquia.
Algunos de
los estudiantes de Pedraza portan un libro. Nos inclinamos a creer que se trata
del libro “Alegría de Leer”, un libroque tenía versiones según el grado que se cursara.En 1976 viajé a Colombia con mi madre. Encontramos
“Alegría de leer” para cuarto grado en un mesón de libros usados en el mercado
de Barranquilla. Intrigados quisimos saber por qué papá lo había encargado
después de tanto tiempo. Entonces ocurrió un fenómeno, las lecturas también colmaron
nuestra infancia. Sus historias, todavía hoy, forman parte de nuestras vidas
Los niños de
la foto crecieron y egresaron de la escuela de Pedraza. Algunos fueron a
estudiar a otras poblaciones en una institución equivalente a un liceo, llamada,
“Escuela Complementaria”. Juancho, fue uno de esos jóvenes afortunados que fue
enviado a Bogotá donde cursó un bachillerato especializado en comercio y llegó
a ser unos de los líderes de un periódico escolar denominado “Faro Juvenil”. En
el caso de papá, cuando llegó al término de su ciclo en la instrucción básica,
debió repetir el cuarto curso, al menosen
cuatro ocasiones, al no tener otras opciones de aprendizaje. El maestro designado
para este vital periodo de su educación, fue el gran docente Rubén Darío
Vásquez, quien se encargó de que cada año repetido,
fuera más enriquecedor y nutritivo que el anterior. El maestro trataba a papá,
con la deferencia especial de un alumno, pero además, como a un sobrino y
ahijado. El docente formaba parte de la familia. La tía de nuestro padre,
Dolores (Lola) Bermúdez, fue la esposa del maestro y madrina de bautizo de
nuestro padre.
Al llegar
las fiestas de San Pablo, el santo patrón del pueblo, el maestro Rubén les
relataba con emoción, la historia de la conversión del santo, y pronunciaba en
latín la demoledora pregunta de Cristo: ¿Saule,
Saule, quid me persequeris? Las fiestas se celebran con gran pompa. A falta
de fuegos artificiales, los jóvenes y niños enterraban “recámaras”, bolas de
barro seco que eran rellenadas con pólvora a través de un orificio. Un caminito
largo de pólvora les permitía ponerse a salvo. Algunos le colocaban una lata
para que el efecto fuera más estruendoso. Otros, los más traviesos, se
encargaban de buscar un sapo vivo para colocarlo boca arriba encima de la lata.
La
influencia de ambos maestros perduró toda la vida. Ya convertido en hombre,
viviendo en Barranquilla, papá tuvo amores con una muchacha cuyo hermano menor
estudiaba en la Escuela de Normalistas. Papá descubrió que uno de los maestros del
joven, era su admirado y respetado Miguel Altamar. Papá le enviaba siempre
saludos, con su cuñado, que con el
tiempo se convertiría en nuestro tío Ariel Sánchez, quien a su vez, también llegó
a ser un maestro reconocido. Dedicó su vida a la docencia en la Normal La Haciendade la ciudad de Barranquilla, dejando además un legado como historiador en una obra de su autoría dedicada a su pueblo natal, en el departamento del Atlántico, titulada, “Mi Polonuevo Querido…
Nuestro tío Ariel Sánchez,
Este es un
ejercicio algo frustrante en el que debemos echar mano de las remembranzas de papá
y combinarlo con una alta dosis de suposiciones. Se trata de aproximarnos a
cada personaje. Es cómo armar un rompecabezas del cual tenemos piezas faltantes.
Los recuerdos llegan como invitados inesperados y tenemos que acomodarlos lo
mejor que podamos.
Convencidos
del enorme tesoro que guarda, cerramos el álbum con nostalgia. Nos despedimos
con solemnidad de personajes que nos observan desde una distancia mítica. Ha
valido la pena ser guardianes del álbum y de la continuación de una tradición fotográfica.
Aquí descansan todas las memorias, todos los sueños y triunfos, los bautizos, las
bodas y nacimientos. Aquí reposan también, muchos hermosos momentos e instantes
insignificantes que con los años se han convertido en trascendentes.
Estamos seguros que las esperanzas de nuestros ancestros han resistido el paso
del tiempo.
[i] Rojano Osorio, Álvaro. Rafael Arturo Medina Rodríguez, El hombre quesabía de todos los instrumentos musicales y
de todos los sones