RELATOS Roberto Molinares

jueves, 15 de abril de 2021

Anatomía de un caballo llamado Ventisquero

Una propuesta de dinamismo y color


Mi participación en la Exposición Virtual Internacional  "Influencia Sublime" organizado por  IAA / I AIAP Latinoamérica y El Caribe y World Art Day, representando a Venezuela junto a otros 12 talentosos artistas de la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos AVAP. Al Celebrarse el Día Mundial del Arte 2021 y el natalicio del ilustre artista Leonardo Da Vinci el día 15 de Abril 2021



Créditos:

Abdías Méndez Robles: Presidente RELAC

Graciela Ferreiro Robles: Presidenta ARTAC/Secretaria RELAC/AIAP/UNESCO

Presidente AVAP: Humberto Cazorla 

Vicepresidente AVAP: Abigail Varela
 
Representante Legal AVAP /
Dirección Cultural AVAP: Jenny Cárdenas

Dirección Página web AVAP. 
Lenore Delgado

Diseño de Flyer y Video Roberto Molinares



Autor: Roberto Molinares

Título: Anatomía de un caballo llamado Ventisquero

Medidas: 26 x26 Cm.

Técnica: Mixta sobre cartulina Sulfato reciclada

Año: 2020

País: Venezuela


Leonardo es y será un referente permanente para todos los artistas. El gran representante del Renacimiento abarcó prácticamente todas las áreas del arte y el saber humano,  ¿Se trataba de un ser extraterrenal o era un humano con una genialidad e inteligencia superior? En todo caso, no han sido igualados sus talentos y capacidades. Imprescindible y admirable es el legado del maestro Leonardo.

Sus estudios anatómicos a través de la disección de cadáveres reveló las estructuras internas del ser humano. Lo mismo ocurrió con los estudios de caballos,  aves y el análisis de sus alas y la mecánica de vuelo.
 
Nuestra propuesta es manifestar el círculo como figura geométrica básica y fundamental en la estructura anatómica del caballo. Plasmado en colores que pretenden la irreverencia, usando la técnica de la acuarela de una manera no convencional sobre cartulina sulfato reciclada. Para el soporte se han usado láminas desechadas por la industria de la imprenta que he re-utilizado por el lado no impreso, descubriendo las virtudes de un material altamente resistente a la humedad sin menoscabo de su integridad ni ondulamientos. He complementado el trabajo con otras técnicas como: el creyón, esmalte de uñas, tipex, tinta china y creyón de cera 

«Anatomía de un caballo llamado Ventisquero», propone la intensidad del color y el dinamismo en la búsqueda de texturas enriquecidas procurando el efecto visual de movimiento. 

Es lo relativo a "Ventisca", "tormenta", al viento fuerte que se da en una montaña. Las líneas dinámicas y enérgicas y su intensidad  hacen referencia al viento, un brioso animal que se mueve y revuelve con la crin desordenada. El color vivo, con predominio del naranja, es señal de irreverencia. El círculo como elemento geométrico está presente en la obra. 

La palabra Ventisquero está cargada de poesía y significación. Su sonoridad es hermosa. 


Dale click al video para visualizar el catálogo de la exposición en un formato que simula un libro. Disfruten las 13 obras de estos artistas venezolanos.





 

miércoles, 31 de marzo de 2021

Viaje sobre la superficie de una obra de arte

   ¿Alguna vez has imaginado ser un insecto que sobrevuela una pintura? 


Para poder apreciar una obra se debe observar en su totalidad, tomar cierta distancia. Tal vez entornar los ojos. Hasta el propio artista mientras trabaja tiende a alejarse unos cuantos pasos de la pintura para poder apreciar mejor el conjunto. 

Pero esta vez, los invito a hacer lo contrario, dar un paseo sobre la textura y los detalles de una de mis obras. El recorrido es un barrido sobre ella como si nuestros ojos fuesen una lupa o el lente de un scaner.   


Descubriremos un universo. Por momentos parece que viajáramos al mundo microscópico. De allí pasamos a un dulce oleaje de mar,  luego se asemeja a una tela batida por el viento, pero en definitiva, es el espectador quien decide ver lo que ve, cada mancha puede sugerirle algo.


La hermosa melodía que acompaña esta experiencia pertenece al Japonés Yiruma, su tema es: River Flows in You. 

La obra pertenece a mi serie "Paisajes Internos, miradas que llevamos dentro". Un proyecto abstracto.

Les presento un tour visual de mi obra: EX-Tructura. 

Agradezco sus amables comentarios








Título: Ex-Tructura 
Técnica: Mixta (Acuarela intervenida con materiales diversos) 
sobre cartulina Sulfato reciclada 
Medidas: 60x40 cms 
Autor: Roberto Molinares 
País: Venezuela 

jueves, 18 de marzo de 2021

La correa del abuelo

Cosas que sólo ocurren en el llano 


Ilustración Roberto Molinares




Para el pastor Santiago, que cuando lo contó, ignoraba que yo tenía "el grabador" encendido.


Basado en hechos reales.

No pretende  promover la violencia de género,

ni hacer burla de lo sagrado.

Los nombres y los lugares han sido cambiados.


    El pastor Venancio Herrera se ajustó el desgastado sombrero peloe’guama, un Borsalino de color indefinible. Por un momento dejó al descubierto una calva incipiente, como para que el cráneo respirara, luego volvió a ponerse el sombrero como quien sella una botella con un corcho. Los largos mostachos le temblaron. El rostro del pastor recordaba el de una morsa.

Ilustración: Roberto Molinares
Óigame bien, mano Goyo, que este testimonio es verdá, verdaíta. La gente, de po’allá de Caracas, no me creyeron, y eso que éranos un poco ‘e pastores y ministros, una asamblea nacional, y parecían más bien unos mundanos. Pura gente sin fe, sin un aleluya en la boca, sin un gloria a Dios. Pero, a pesá’ de to’ yo lo sigo contando pa’ Su gloria.

—Cuénte pastor, que si es verdá, yo lo quiero escuchá.

El Pastor Venancio se aclaró la garganta. Tomó un sorbo del café cerrero que había preparado la vieja mujer de Goyo y colocó la taza de peltre sobre la mesa.


—Cada vez que íbanos a empezá el culto, la hermana Francisca Galindo se endemoniaba.

—¿Se endemoniaba? ¿Cómo es eso, pastor?

—Así como lo escucha, manito. Eso era una patulequera que le pegaba y un griterío. Una cosa espantosa. En veces, echaba espuma po’ la boca y voltiaba los ojos pa’rriba. Me cuenta un joven de la iglesia, que Francisca se ponía igualita a una mujé de una película llamá “Elsorsista.”

—¿Elsorsista? mano Venancio, ¿Qué nombre es ese?

—¡Gua! A mi no me pregunte. Yo no sé qué significa. Lo cierto era, que cada vez que íbanos arrancá la alabanza y el hermano Pietro ya había transporta’o el arpa pa’ empezá con  los coritos, Francisca pegaba un leco y comenzaba a berreá en el piso.


Ilustración: Roberto Molinares


—Al demonio nunca le han gusta’o las alabanzas.

—Si mano, pero el problema no era que no llegábanos a cantá ni un solo coro, sino que el tiempo se nos iba to’ en reprendé’ y cuando veníanos a vé’, ya era tarde, y no se trataba de una vigilia. Teníanos por norma terminá a eso de la diez, a más tardá,  y entonces había que dispedí el culto con una oración cortíca porque teníanos que levantános temprano casi to’s. Melecio y su mujé, venían en la yegua manchá’, pero había gente que tenía que echá’ pata a ese monte, en esa tremenda uscuridá’, y después del espectáculo de Francisca, muchos iban temblando y viendo espanto detrás de cualquie’ mata o mogote.


El pastor empezó a reír con picardía. La mujer de Goyo seguía afanada con unas cachapas recién puestas en el budare y comenzaba a pelar unos topochos, pero había girado el cuerpo como para escuchar mejor y no perderse la historia. El pastor Venancio Herrera los tenía acostumbrado a unos testimonios asombrosos. Un agradable olor a leña invadió el rancho.

—La cosa se salió de control, a tal punto que el maraquero y el cuatrista, los hermanos de la alabanza, un día me dijieron que ellos no vinían más, que en la iglesia mandaba el demonio. Yo los quise convencé’, ¿Pero cómo? Si tenían razón. Ahí, ya no se predicaba, era una lucha tremenda. Yo no preparaba la enseñanza, sino que me la pasaba preparándome pa’ la batalla. No vaya a creé mano, ¡yo estaba bien confundí’o! ¿Cómo se va endemoniá’ la hermanita? ¿Acaso no era una hija de Dios?

Ilustración: Roberto Molinares


—Pastor, dígame una cosa, y cuando le sacaban el demonio ¿Qué pasaba?

 —Buena pregunta. To’s quedábanos cansao’s y sin juerza. Y la hermana Francisca dicía, y que no ricordaba ná’. Al ratíco era la misma hermana cariñosa y servicial, pero la gente le empezó a sacá’ el cuerpo. Yo mismo, mano Goyo,  a mi me daba cosa dale la mano pa’ saludála.

—Claro, pastor. Increíble. Si yo conozco a Francisca y es una tremenda mujé’ de fe.

—Ahora, Goyo, ahora, porque la cosa volvió ’onde debía. Pero en ese momento Satanás era el que mandaba en el templo La Misericordia.

—¿Y que pasó? ¿Cómo jue que jalló la solución, mano?

—Yo me puse a estudiá’ la Palabra, y la Palabra dicía: este género no sale sino con ayuno y oración. ’ntonces empecé a ayuná’, porque orá’, bueno, ya yo oraba bastante.

—¡Aleluya! El ayuno es bueno, mano, y uno que en veces piensa que es sólo pasá’ jambre.

La mujer de Goyo desprendió una cachapa, le dio vuelta en el aire y la dejó caer en el budare con un chirrido aromatizando la casa de bahareque. El pastor olfateó el aire como un sabueso haciendo mover sus mostachos y aprovechó para tomarse completo el café porque  se le había enfriado.

—Bueno, manito. La cosa continuó así: ya muchos hermanos se había dío pa’ la congragación de los hermanos Guanipa, esa que mientan: “El Tabernáculo e’ la Sabana.”

—Ay que vé lo que pu’ jacé el demonio con una iglesia, pastor, de chiripa no se quedó usté’ solo con la hermana Francisca.

—Bueno Goyo, usté sabe que el llanero es del tamaño del compromiso que se le presente, pero yo estaba a punto de dejá el pelero. En esa iglesia, como dice usté, parece íbanos a quedá’ ella y yo, pero yo no estaba dispuesto a pasá’ el resto de la vida, enlucha’o con un demonio. Para colmo, tanta gente se jue pa’ onde “Los Guanipa”, que los diezmos disminuyeron tanto, que estuvimos a punto de cerra el templo. A mi sólo me quedaba volvé’ a la faena, al trabajo de campo, pero ya estaba demasiado viejo pa’ las correrías detrás del gana’o.

—¿Y qué pasó, pastor? Porque ahorita la iglesia se la pasa llena e’ gente —Era la mujer de Goyo que intervenía desde el fogón haciendo una pausa para secarse el sudor de la frente con un pañito tiznado. Los hombres voltearon al mismo tiempo.

—¡Vieja, estás viva! Yo pensaba que usté’ estaba tan ocupá’ que no le estaba poniendo cuida’o al testimonio —Dijo el pastor con una carcajada.

—Lo ’toy ’cuchando, manito, lo ’toy ’cuchando.

—¡Gloria al Señó’! Fíjese que yo ’taba tan desespera’o, que un día ensillé la mula y cojí pa’ la sabana. Y dije: que otros se encarguen de ese zaperoco, pero lo que soy yo, hoy no me aparezco por el templo, lo que yo menos quiero, es vé la cara de esa loca.


Ilustración: Roberto Molinares

—Pastor, ¿usté quería abandoná’ la obra?

—Más o menos, Goyo.  ¡Yo lo quería era alabá’ a mi Señó’ con libertá’! Me había lleva’o mi cuatrico, y lo saqué bajo e’ una mata y empecé a improvisá’ unos versos al To’poderoso. Cuando tenía como una hora en eso, me quedé viendo una garcita en la lejanía. Allí jué que el Señó’ me habló.

—¡Ah, pastor! El Señó’ no abandona a sus siervos. ¿Y qué le dijo, manito?

—No lo va a creé. ¿Usté’ se acuerda de mi abuelo, verdá’?

—¿Don Prudencio Herrera? ¡Claro pastor! Era un hombre recio, que metía miedo con la sola presencia.

—¡Ajá! Bueno, Goyo, Dios me empezó a hablá’ pero yo no entendía na’. Lo que primerito que pensé jué que me ’taba volviendo loco. Después me dije: Venancio, ten cuida’o que el diablo se viste de ángel de luz y pu’ engañá’te.

—¡Pero, qué le dijo, hermano Venancio! —Replicó impaciente la mujer de Goyo.

—No, lo van a creé. Pero me dijo: “Búscate una correa gruesa”. Yo ahí mismito me acordé de un pasaje del libro de los Hechos, ’onde un profeta llamá’o Agabo, se amarra las manos y los pies con el cinturón del apóstol Pablo. Era pa’ dicí, que Pablo iba a sé apresa’o en Jerusalén por los judíos. “Esto le va a pasá’ al varón que es dueño de este cinturón”.

—Yo no entiendo na’ mano –Dijo Goyo, rascándose la cabeza.

—Ahí jué ’onde me acordé de mi abuelo Prudencio. Yo tenía la correa que había si’o suya. La guardaba en un cajón como ricuerdo, junto a otras cosas que heredé.  Era una correa que tenía un jebilla plateá’ que pesaba más que to’ el cuero junto.


Ilustración Roberto Molinares


—¿Qué pasó ’ntonce, pastor?Intervino de nuevo la mujer de Goyo.

—El Señó’ me siguió hablando. Me jué dando instrucciones. Me quedé loco.

—Hermano, vaya al grano, que ya casi tan listas las cachapas y las estoy a punto de serví. Cuente el final.

—Sentí que me dijieron en la pata e’la oreja: “Dale dos buenos cuerazos”

—¡Hermano! ¿Y esa lavativa? Yo no creo que sean cosas de Dios! —Dijo Goyo alarmado.

—¡Lo mismo pensé yo! Reprendí al maligno, cogí mi cuatro y la mula y me regresé pal rancho, to’ contraria’o. Pero de una cosa ’taba seguro. No podía abandoná’ a los pocos hermanos que quedaban guapeando en La Misericordia. El ratico en la sabana, alabando a mi Señó’, me había hecho bien. Pero me dicía: ¿Cómo le voy a pegá’ dos cuerazos a la hermana? Ni que yo juera su taita. ¿Qué iban a pensá’ los hermanos si yo cometía esa locura?

—Hasta preso lo iban a poné’, mano. Era el diablo el que le estaba hablando Razonó Goyo, rascándose la cabeza.

—¡Qué va Goyo! No era el diablo, era el mismísimo Señó’ que quería que yo pusiera orden en la periquera en que se había convertí’o la iglesia.

—No pue’ sé’…

—La noche siguiente teníanos culto de oración y yo me resistía a eso de los cuerazos. Le pedía juerza a mi Dios, pa’ que to’íto saliera bien, pero que va, ya íbanos a empezá a alabá, cuanto la mujé’ se embochinchó otra vez. Ahí saltaron el hermano Rafael Osorio y el hermano Cruz Peralta. Ellos ya vinían preparao’s con un aceite ungí’o, dispuestos a echá juera al demonio, pero ese día la mujé’ tenía más juerza que nunca. Uno cayó pa’ un la’o y el otro se falsió la mano. 

Ilustración: Roberto Molinares

La mujé se subió a la tarima y se me jué pa’ encima. Yo me asusté y me quedé petrifica’o. Ustédes no van a creé’ lo que hizo. La mujé’ voló y le pegó una patá’ al púlpito. Ese púlpito había si’o de mi abuelo, cuando empezó la congregación po’ allá en los cuarenta, cuando en el llano los predicadores tinían que andá armao con dos pistolas. Era un púlpito labra’o. Yo le tenía un cariño inmenso porque éranos tres generaciones predicando la Palabra, mi abuelo Prudencio, mi taita José Antonio, y yo. Un recuerdo sagra’o de familia, algo que valía mucho. El púlpito quedó reventa’o como si juera de paja seca.

La mujer de Goyo estaba poniendo los platos con las cachapas y un tazón con topocho sancochado. Venancio Herrera se quitó el Borsalino y los ojos se le iluminaron.


Ilustración: Roberto Molinares


—Venga y arrime, pastor, la cachapa se tiene que comé’ caliente —Dijo la vieja.

—Es verdá’, pero hay que terminá’ la historia…Bueno, después que la mujé’ me rompió el púlpito, a mi no me quedaron dudas de que Dios me había habla’o en medio de la sabana. Pero porsíacaso, me metí en ayuno dos día más. “Dale dos cuerazos”, me resonaba en la cabeza. Y ’ntonces saqué del cajón la correa con la jebilla plateá’. La próxima vez que tuvimos el culto, ya que no valía aceite ungí’o, me juí ¡bien prepara’o! Yo me sentía lleno del Espíritu, fortalecí’o. Ahora si era verdá’ que iba a ve’ guerra. Los hermanos se extrañaron cuando me vieron con la correa, porque yo no me la puse en la cintura, sino que me la tercié el hombro como una cobija –El Pastor hizo una pausa y mordió la cachapa.

—¡Ujú! ¡Esto tá bueno! Vieja que Dios bendiga sus manos y que le provea alimento al que no tiene.

—Amén —Dijeron los tres.


—Bueno, manitos, cuando la mujé’ empezó con la gritería y la voltiadera e’ ojo y la tiradera e’ golpe, yo le dije: ¡Vete de aquí demonio saboteador si no quieres que te dé una paliza! Pero la mujé’ otra vez quiso tirá patá y se me jué pa’ encima. La torié como se torea una vaca, tirándome pa’ un la’o, y cuando quedó de espaldas, le metí el primero.

—¿Le dio con la jebilla, mano?

—¡Nooo! manito, ¿Cómo se le ocurre? Con el cuero, con el cuero na’ má’.  La mujé’ se retorció como una mapanare, y peló los ojos y los dientes como pa’ mordé’me. Tenía las manos como dos garras y me saltó otra vez. La torié y le ajilé el segundo


Ilustración: Roberto Molinares


—¡Hermano! ¡Dos cuerazos como le dijo el Señó’!

—No, Goyo, ahí mismo le metí el tercero y el cuarto po’el lomo, porque la ví como debilitá’, pero to’avía no caía.

—¡Pastor! ¿Y no eran dos, los que le mandó el Señó’?

—Si, mano, pero yo taba tan lleno del Espíritu que no me podía detené.

—¿Cómo del Espíritu, pastor? ¡Usté’ le taba dando una cueriza!

—¡A puéj! ¿Y acaso el Señó’ no agarró un chaparro, un mandador, y sacó a los ladrones del templo? Recuerde que la Palabra dice: “El celo de tu casa me consume”.

—¡Ah! Es verdá’, Pastor, esa parte se me había olvida’o.

—Bueno, manitos, la mujé se e’smayó y después de pegá otro leco tremendo, cayó largo a largo. El co-pastor, el hermano José Coromoto Gallardo, me dijo: mano, ¡usté’ se metió en un lío, mató a la hermana Francisca!

—¡Santo! ¿La mató? —Preguntó la mujer de Goyo.

—¿Cómo la voy a matá? ¿no la vieron el año pasa’o, cuando nos visitaron en La Misericordia?

—Verdá’, Pastor… ¿Y qué pasó ’ntonces? —Dijo la vieja.

—¡Santo remedio! La hermana más nuuunca se volvió a endemoniá’. Dejó de ir por un poco e’ meses al culto, pero después regresó bien cambiá’.

—¿Y ahora? —Preguntaron al únisono Goyo y su mujer.

—Ahora la hermana Francisca es la Presidenta de la Sociedad de Damas de la iglesia. Y lo mejó’ de to’ es que ha demostra’o que es una mujé’ sujeta, llena del Espíritu.

—¡Gloria a Dios, hermano Venancio! —Gritó Goyo, mientras su mujer hacía movimientos de cabeza asintiendo de forma enérgica.

—Si Señó’, ¡Gloria a Dios! Él actúa por caminos misteriosos. Imagínese, dos cuerazos. ¿Quién se iba a imaginá’? —Dijo Venancio.

— Pero jueron cuatro o… cinco, pastor. Contestó la vieja.

—Si, cuatro, no sé…creo que jueron más...  pero jué por la llenura, recuerde manitos, yo taba demasia’o lleno del Espíritu.

—Ameeeén.

—Dios me dio una estrategia. Ahora, al empezá’ el culto, me paro en el púlpito, que es otro, porque el que reventó la hermana no se pu’o repará.  Yo pongo mi Biblia y coloco la correa del abuelo en el púlpito nuevo, pa’ que to’ el mundo la vea, y digo: ¡Aquí tá’ la sacademonio! Y miren manitos, ¡cómo se ha compuesto la congregación! Hasta los niños, ahora no hacen ni bulla, casi naiden me contradice. ¡A caí’o un espíritu de obediencia y de mansedumbre tremendo!

—Amén, pastor. Increíble.

—¿Se fija, Goyo? Esa es la razón po’ la que la gente de po’allá de Caracas, no me creyeran? En esa asamblea, to’ el mundo se alarmaba a medí’a que yo iba echando el testimonio. Y eso que eran puros pastores. Bueno, en realidá sólo un pastor, solito, me llegó después de mi intervención. Llegó callaíto, como le llegó Nicodemo a Cristo. Ese sí me dio la mano, se veía que era un santo, ¡Parecía que ’taba pasando una prueba tremenda! Ese varón, me dijo algo, pero yo no lo pú’e ayudá. Le dijé: No manito, no, lo siento mucho, con mucha pena, pero no pue’o. Me negué rotundamente.

—¿Y que jué lo que le dijo ese hermano, pastor? —Intervino de nuevo la vieja. 

—Me pidió un favor, me dijo: ¿Pastor, usté me pue’e prestá esa correa? Pero yo le respondí,  no, no, hermanito. 

—Él insistió, pero yo le dije: No, mano, la correa es una reliquia de familia, yo no presto la correa ungí’a de mi abuelo, ni loco, manito, ni loco.

 

Roberto A. Molinares S.



lunes, 8 de marzo de 2021

Paisajes Internos

Aquellas visiones que llevamos dentro


Obra: Anacoreta. 60x40 cms. Acuarela intervenida con materiales mixtos. Autor: Roberto Molinares


La interpretación de un texto enrevesado, cuyo lenguaje está alejado de la convención, constituye un reto debido a la complejidad de los conceptos, términos, palabras empleadas,  planteamiento de ideas  y la misma estructuración de las oraciones. (incluso, este mismo párrafo puede ser ejemplo de lo que digo).

Las palabras se las lleva el viento. Es decir, sin asidero o registro escrito, la emisión de nuestra voz o nuestras ideas, son como un enjambre de mariposas  que  tarde o temprano van a ser arrastradas y disueltas por un huracán. 

Otro sabio dicho del repertorio popular reza: Una imagen vale más que mil palabras. No es otra cosa que la comunicación efectiva a través de un elemento gráfico que al penetrar por la retina incita los procesos de la comprensión y el pensamiento.

El arte implica además de la una posible comunicación intencional del autor, una respuesta necesaria, la interpretación por parte del espectador, quien es el verdadero artífice del proceso y de toda la magia, pues sin él, el artista estaría desprovisto de propósito. 

El arte conlleva a una experiencia contemplativa que en la mayoría de los casos puede generar placer. Algo similar al arrobamiento que puede provocarnos una puesta de sol o una noche estrellada.

Las propuestas artísticas también pueden generar diversas e inusitadas reacciones: incomodidad, rechazo, alegría, sosiego, asombro y un sin fin de emociones, incluso, irónicamente, el malestar que produce la  incomprensión de lo observado.

En el caso del arte abstracto, el planteamiento del artista obedece a composiciones que se expresan mediante líneas, puntos, texturas y manchas de color sin la intención de querer representar algo figurativo específico. No así, en la mente del receptor no familiarizado con el mensaje abstracto. Al observador suele ocurrirle el fenómeno que consiste en atribuir formas y figuras a las manchas que bailan frente a sus pupilas. Este interesante fenómeno está relacionado con las famosas leyes de la Gestal y con el fenómeno psicológico denominado la Pareidolia, donde un estímulo visual muy vago y aleatorio es percibido como una forma reconocible.

Por ejemplo, el reconocimiento de  una cara es un proceso automático, rápido e inconsciente. Tanto los humanos como los grandes primates tenemos una zona cerebral específica en el lóbulo temporal llamada Giro Fusiforme donde hay neuronas cuya única función es detectar rostros y otros objetos.

Nuestro sistema visual es propenso a interpretar estímulos ambiguos como rostros, basándose en pocas señales. Esto estaría indicando que es el resultado de nuestra capacidad innata de detectar rostros, es un procesamiento subcortical,  es decir, se produce sin la intervención del razonamiento.

Todo lo antes expuesto es un preámbulo para la presentación de mi propuesta abstracta. Una serie que he denominado PAISAJES INTERNOS

El breve video es una visita por los espacios de una galería virtual en 3D, donde expongo 12 obras realizadas principalmente con la técnica de la acuarela, intervenida posteriormente con otros materiales. Las dimensiones de las obras rondan los 60 x 40 centímetros. El soporte proviene del reciclaje, cartulinas "Sulfato" desechadas por la industria gráfica, impresiones fallidas de empaques para la industria farmacéutica que he re-usado por su lado en blanco, no impreso, como un aporte sutil pero significativo a los cuidados de nuestro planeta. 



Trapecista

Orbex I

Flama


Quintaesencia

Tramadori

Lasanha


Portal Doble

Zarpa de luna II

Convexos

Orbex II



Zarpa de luna I

martes, 9 de febrero de 2021

El Hijo

 Música de Inspiración Propia


Por momentos creyó que su hijo había muerto... pero por fortuna, el joven vivía.

¿De qué otra manera un padre recibiría de vuelta a su amado hijo ?



Worship - Adoración

Thema: El Hijo (Inspirado en la Parábola del Hijo Pródigo)

Author / Guitar: Roberto Molinares 

Miembro de Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (SACVEN) 8051

Arreglo Vocal: David Molinares

Vocals: Roberto & David Molinares (Padre e Hijo)

Cámara: Ana Amaro de Molinares

Derechos Reservados


Una de las joyas de la Biblia, es la historia del Hijo Pródigo, magistral historia contada por El Maestro Jesucristo. El género al cual pertenece el relato, es la Parábola, creación narrativa, bien sea oral o literaria, que pretende manifestar un paralelismo entre las situaciones terrenales y espirituales para dar a conocer realidades eternas. 

En este género, fueron grandes los sabios maestros de la antigüedad,  los profetas hebreos y la gente del oriente medio, siendo el mayor exponente de todos, Jesús de Nazareth, cuyo método de enseñanza exclusivo, consistió en el uso de parábolas de una forma extraordinaria. 

La parábola, es mucho más que una simple historia, metáfora o moraleja, es una inteligente construcción intelectual con un simbolismo poderoso que rompe paradigmas y crea  nuevas vías de comprensión espiritual. 

He aquí, la célebre parábola del hijo pródigo.


Lucas 15:11-32 11 

"Un hombre tenía dos hijos;  y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.  

No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.  Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.  Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.  

Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!  Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.  Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.  Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.  Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.  Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;  porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;  y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.  Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.  Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.  

Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.




sábado, 30 de enero de 2021

Brazos Abiertos



 Música de Inspiración Propia...


"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" Juan 15:13

Este es el motivo del presente tema musical. Es nuestro deseo, que todos puedan ser bendecidos con nuestra interpretación.



Worship - Adoración


Tema: Brazos abiertos

Author/Guitar: Roberto Molinares. Miembro SACVEN 8051

Vocals: Roberto y David Molinares (Padre e Hijo)

Arreglo vocal: David Molinares

Cámara: Ana de Molinares

Derechos Reservados

sábado, 2 de enero de 2021

Una casa con apariencia de ermita

 Así son los recuerdos cuando se funden con los viejos anhelos, duele el tiempo perdido


Mis pasos resuenan por la calle empedrada que conduce a la plaza adornada y espléndida. Voy apurado por las veredas, no quiero ser impuntual. 

En el centro de la plaza nuestro héroe sostiene un sable y parece caer del pedestal junto a su encabritada montura. La iglesia es blanca y regia. Me parece escuchar tañidos fantasmales de campanas que, alguna mañana gris partieron de un puerto de Asturias hace mucho tiempo, hasta estas tierras y coronaron la torre de nuestra iglesia.

Ojalá la casa de mi novia tenga jardín y un pino pequeño que le dé a la fachada aires de ermita. Deseo que la vivienda tenga zaguán como las casas de antaño para que al entrar reverbere mi voz como el eco de los acantilados. 



Estoy frente a ella y mi corazón parece díscolo. Es exacta, tal como he imaginado, una casa donde adoraría vivir. En la entrada, a la izquierda, está el tinajero de piedra, goteando agua fresca, dando la bienvenida y rodeado de helechos que le dan humedad de selva intrincada al corredor. Compruebo al cruzar el dintel de la puerta, una planta de sábila como se estilaba antes, una tradición de muchas familias que reconocían en la planta propiedades protectoras que regían las energías de las casas. 

Ojalá me reciba su abuela, esa matriarca dulce que se desgaja en sonrisas y me halaga poniéndome algo incómodo. Qué apuesto, qué buen gusto el de María Luisa. Las infaltables palmaditas en mis mejillas de unas manos suaves y regordetas que están frías, no por el clima, sino  por costumbre. 

Me gustaría que al entrar, me encandilaran por momentos las luces del árbol saturado de dorado. Tiene muchos verdes y blancos y pocos rojos. Hay ángeles y campanas colgando en él. También tienen un bello pesebre. Lo del árbol es una costumbre moderna, pocas familias han dado el paso de adoptar la tradición foránea, pero no niego que es hermoso.

La abuela me hace sentar en un sillón cómodo y blando. Se escuchan melodías navideñas que provienen del fondo de la casa, de alguna radio antigua, cuyos bulbos han resistido el paso generacional, captando emisoras mal sintonizadas de otras épocas. Flota el agradable aroma del guiso de hallacas. Estoy feliz de ser invitado y de poder conocer a su familia.

La abuela me dice con picardía que pronto María Luisa vendrá, que se está tomando su tiempo para arreglarse. Yo desajusto el nudo de mi corbata para respirar mejor. Me sudan las manos y las seco con mi pañuelo impregnado de la colonia Heno de Pravia que he robado a mi padre. Toco mi cabello y compruebo que continúe engominado, cada pelo en su lugar. Llevo en mis manos un obsequio, que aunque forrado de papel rojo brillante, se adivina por su forma. Es una botella de ponche  para después de la medianoche. 

Ojalá mi novia tengas los ojos pardos y claros como los de mi madre. Escucho tacones discretos que descienden de la segunda planta de la vivienda. María Luisa está radiante, sus rulos rebotan al bajar cada peldaño. Lleva un vestido añil hasta las rodillas con encajes que realzan su figura. No puedo ocultar mi emoción. Está hermosa. Me brinda una sonrisa y baja los ojos con timidez. Me pongo de pie para recibirla. Tengo el corazón descompasado.

Oigo voces que provienen del fondo. Su padre, su madre, otros miembros de la familia conversan y ríen. Hoy tomaré, junto al que será mi suegro, el vino de nochebuena. Espero guardar la compostura y no hacer el ridículo, ni pasar vergüenza frente a mi chica. 

Seguro la casa tiene patio, y en él, retoza un perro que no es más que un cachorro. Siempre he querido tener uno de mascota. Lo imagino blanco, como una mota para entalcar.

Sobre la mesa ya están dispuestos los platos de loza, cubiertos y copas de cristal. Un mantel verde y dorado, aviva todos los elementos. Si alguno, paseando por la vereda, echara un vistazo por la ventana y espiara por breves momentos nuestra celebración, de seguro nos envidiaría. Aquí todo es perfecto. 


Así son los recuerdos cuando se funden con los viejos anhelos. Si miro por un momento los ángeles que cuelgan del árbol o me pierdo en las luces del pesebre buscando con ansías la figura del Niño Dios, dejaré este momento mágico y volveré al presente, cosa que no quiero. Duele el recuerdo del tiempo perdido, de una época que cuando la viví, no tenía la importancia colosal que tiene ahora.

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Estoy frente a la casa, pero ya no tiene apariencia de ermita. No hay jardín, el tiempo ha devastado todo y la casa está en ruinas. El pino sigue allí, pero como un fantasma que custodia los recuerdos, sin verdor, seco de melancolía. 

Ojalá, María Luisa fuera mi novia, o por lo menos, lo haya sido en algún momento. Ojalá pudiera retroceder el tiempo y vivir otra vez mis veinte años.

Por un momento regreso a la sala de esa casa, en esa nochebuena de mi anhelo. 

Ensordecedor es el sonido de los patines de hierro contra el asfalto. Se cuela la algarabía de los niños que explotan saltapericos y queman luces de bengala en la plaza. 

Me pongo en pie y coloco sobre la mesa, la botella del ponche que preparó mi madre. Camino hasta la escalera donde María Luisa aún está esperándome. Dejo escapar un profundo suspiro. Ella no ha descendido ese último escalón porque sabe que así se aproximará a mi estatura. 

Rodeo su cintura y me extravío en el color de su mirada que me recuerda a mi madre.

 Aún oigo las voces de sus familiares al fondo de la casa. Debo aprovechar el momento. Estoy a punto de darle un beso, nuestro primer beso. Afuera estallan cohetes que iluminan  la nochebuena.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Noche Fría


El peregrinaje de una singular pareja

Una curiosa estrella se desplazaba en la oscura bóveda hasta que se detuvo en un punto específico del medio oriente. El astro serviría de referencia a unos sabios de Persia o Mesopotamia, grandes matemáticos y astrónomos, que habían partido meses antes, siguiendo su fulgor y estudiando el fenómeno, convencidos que sólo podía significar una cosa: anunciaba el nacimiento del más importantes de los reyes.



Por ello, venían preparados para ofrendar oro, tributo absoluto de los soberanos, incienso, fragancia ofrecida únicamente a los dioses, y mirra, con la cual se preparaba la sepultura y los cuerpos de los grandes señores. 


Los tiempos exactos del Altísimo, solo podían cuadrar, si la pareja se movilizara desde las montañas de Nazaret de Galilea, hasta la tierra del más célebre de sus antepasados, la ciudad del gran Rey David, Belén de Judea. 

Un extenuante recorrido de 120 kilómetros de distancia, que probablemente, José tuvo que hacer a pie, mientras que María, por su avanzado estado,  debió ir en el no menos fatigoso e incómodo lomo de un asno. Trayecto que cubrirían aproximadamente en unos difíciles y complejos 6 días. Las tradiciones no bíblicas, presentan a una pareja dispareja. María es prácticamente una niña, que a lo sumo alcanzaría los 15 años, mientras el noble carpintero de Nazaret, podría doblarle la edad o mucho más. La responsabilidad de cuidar a la adolescente grávida, es una aventura llena de peligros que debe asumir José: Intemperie cruel, soledad, cansancio, desesperanza, hambre, y probables salteadores de camino. Para ello, el carpintero solo va armado con un báculo de caminante y con una fe pocas veces vista. A José le bastó recibir las palabras de un ángel durante un sueño para asumir una misión increíble: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo"

Todo esto ocurrió para que la  pareja estuviera en el lugar correcto, bajo el cono de luz de la estrella viajera que por fin se había detenido. Algo así como sucede en el teatro cuando el actor protagonista es bañado por el reflector y la escena cobra una importancia total.

Un dictamen del emperador romano Augusto, los obligó a movilizarse para ser empadronados, un censo que permitiría conocer de cuántos súbditos disponía en Palestina. Una medida con fines políticos y económicos que hizo que todos los habitantes de Israel se cruzaran con rumbos distintos cada uno buscando el lugar de origen de sus ancestros. Una especie de hormiguero no alejado del caos.  

¿Qué si fue en diciembre? la pregunta sigue para el debate. Lo cierto es que la navidad que hoy en día se celebra, no tendría la magia en otra época del año. Todo apunta a rituales de renovación con el año que termina y el que comienza, el cielo despejado cargado de una atmosfera de estrellas, el clima y la nieve en algunos lugares del planeta. Una rara energía que irradia desde alguna parte del cosmos y cae sobre la tierra, y que los comerciantes del mundo han sabido corromper y prostituir con el tema del dinero, los regalos, Santa Claus y otros mitos alejados de lo que ocurrió la noche en que fueron sorprendidos los pastores por seres alados que pregonaban la paz y la buena voluntad.

Al estar copados todos los hospedajes, la pareja fue albergada de emergencia por algún alma caritativa en un lugar destinado para el descanso de las bestias. Este ser que se apiadó de las urgencias de María, debió ser sin dudas otra fémina, una matrona que conocía por experiencia propia las penurias de los dolores de parto y leyó en la mirada de la joven María, el temor y la incertidumbre. Algunas tradiciones sostienen que el lugar de alojamiento se trató más de una caverna o gruta, que de un pesebre como tal.

Una serie de extrañas circunstancias y aparentes casualidades se habían confabulado  para que se diera de  manera dramática, el cumplimiento de la más anhelada profecía del pueblo de Israel.  Dios interviniendo en la historia del ser humano. El nacimiento del Salvador de la humanidad, Jesús, el Mesías.













En este blog, aparte de expresar mi esencia literaria, suelo compartir algunas composiciones. Noche fría,  es un canto de navidad de mi autoría que tiene la intención de transmitir esos momentos dramáticos previos y posteriores al nacimiento del Salvador. 

Acompañado de mi hijo David Alejandro Molinares, les dejo en el siguiente video, nuestra interpretación como regalo de Navidad. 


Haz clip  para visualizarlo


Tema: Noche fría
Autor, Música y Letra: Roberto Molinares 
(Miembro de SACVEN 8051)
Arreglo: David Molinares y Roberto Molinares
Vocal: David Molinares y Roberto Molinares
Cámara: Ana Aiskel Amaro de Molinares

domingo, 20 de diciembre de 2020

Las Bicicletas





Por: Ángela Molinares Sánchez

    Ese noble medio de transporte ha servido de múltiples referencias, entre las que se cuenta aquella que tratándose de vivir la vicisitud más hostil, es comparable con cruzar el Niágara montado en ella.
 

Abrí los ojos como luna llena

y me agarré la cabeza

Porque es muy duro

Pasar el Niágara en bicicleta


Siguiendo en el contexto musical, se puede citar, y que viene al caso, es que se puede recorrer a Barranquilla montado en ella. El hecho que haya sido mi medio de transporte desde que era una niña de 3 años y con un papá amante de las bicicletas, entiendo perfectamente por qué a Shakira y a Carlos Vives, les dio por componer la pegajosa canción 



A tu manera, descomplicado 

En una bici que te lleve a todos lados

Un vallenato, desesperado...



Me hace mucha gracia el pasaje de Gabriel García Márquez, en su Memoria de Mis Putas Tristes, que el anciano solterón, personaje protagonista a quien el Gabo le dio por llamar Sabio, habiéndose enamorado de la jovencita Delgadina, y no sabiendo cómo manifestar lo que sentía por ella, le pareció en manera proporcional a su amor, ofrecerle como dádiva una bicicleta. 



Bicicleta que una vez adquirida por Sabio, éste no pudo soltar. Da cuenta el relato de la cantidad de acrobacias que fue capaz de realizar el protagonista, que el lector no puede sino hacer vívida la hilarante situación de un anciano en tales peripecias. 

En este mismo orden de ideas, hablar de mi padre Ángel Horacio Molinares Castro, nos conduce en forma simultánea en dos planos: uno real, el tangible, el hecho de que mi papá no podía vivir sin su bicicleta. Él y su medio de transporte eran un binomio inseparable. El otro plano es referencial y es espiritual, papá nos conduce por el mundo de las historias y del fascinante espectáculo de los relatos. 

La oralidad es un bien ancestral, tanto, que el mismísimo Dios, no pudo definirse así mismo de otra manera, sino como El Verbo. Contar historias es tan fascinante como escucharlas, si te quedas atrapado en sus vericuetos, ya la historia es tuya, eres el protagonista. 

Papá nos conduce tanto en bicicleta como a través de su oralidad al fastuoso escenario del majestuoso río Magdalena, en sus riberas se encuentra Pedraza, la tierra que lo vio crecer.


 


Y siguiendo el hilo conductor de las canciones, nuestro padre compartía similitud con un importante mito de la costa colombiana, aquel hombre que se volvió caimán según el cancionero popular. Sí, en la población de Plato, nace mi padre un 19 de abril de 1926.

Voy a empezar mi relato, con alegría y con afán

En la población de Plato, se volvió un hombre caimán

Se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla...


Ángel Horacio, nos legó su pasado mientras recorríamos la ruta hacia la escuela en nuestras bicicletas. Además del paseo, íbamos escuchando relatos que parecían recientes, sabemos de él y de sus antepasados porque nos presentó a cada uno de sus primos, Juancho, entre otros, relatándonos sus andanzas infantiles y adolescentes, tan graciosas como divertidas, aunque en ocasiones audaces y peligrosas. De igual modo supimos prestar admiración por los tíos Santander, Rosario, Félix, Policarpo, entre otros. 

Yo sentía gran satisfacción al saber que  papá  admiraba tanto  a sus maestros, el Señor Miguel y el Señor Rubén, este último,  después llegó  a ser su tío político, pues fue el marido de su tía Lola. Mi papá y yo nos parecíamos, amábamos las mismas cosas y compartíamos la afición por las bicicletas. En aquellos años, padecía el complejo de Electra, cosa que quizá nunca pude superar.

No fue por los azares del destino, sino gracias a su gran determinación, que papá pudo llegar a la tierra del petróleo, Venezuela. Allí, una vez nacidos nosotros sus hijos, nos instalamos como familia en Maracay.

El señor Ángel, gozaba de gran popularidad en Campo Alegre, nuestro barrio. Era buen vecino, un insigne trabajador con una conducta ejemplar y como padre, no había ninguno.  Era diferente a todos, tanto, que no era nacional, era un extranjero, un inmigrante. Eso me hacía sentir orgullosa, que  fuera de otra tierra que para mí era superior. De niña escuché tantas historias y referencias de Colombia que me sentía colombiana.

Papá saludaba a los transeúntes, o a quienes se encontraran en los frentes de sus casas. En Maracay cada cual tenía una gran casa, nada de miseria, cada cual era propietario, era la verdadera Venezuela.

Era un hombre muy directo, resuelto sería la palabra adecuada. Cuando estaba de novio con nuestra madre, entre sus regalos, podían encontrarse, pantaletas. Al oír tales relatos, mi hermana Liubys y yo, nos cuajábamos de la risa.

Nuestra madre sin ningún rubor decía que le parecía bien y que no le daba vergüenza.

—¡Qué mal gusto! ¡Qué desparpajo! ¡Qué insinuación!- Así era mi padre.

En el mismo orden de ideas, al referirse a la vagina y/o totona, como la llamamos en Venezuela. Le llamaba con sarcasmo y malicia:

¡La perola, esperolá!

En el contexto alusivo a prendas íntimas, tengo que mencionar que había un señor que vivía  dos casas arriba, era marido de la señora Cristina, un hombre calculador, padre de Enrique. Se le conocía por el apellido solamente, Coronado. Éste había trabajado en una textilera  y de allí se conocía con papá. Años más tarde, coincidieron de vecinos cuando Coronado con su familia vino a residir en nuestra calle El Samán.

Coronado era un tipo de baja estatura, ojos verdes, blanco y de buen parecer. Se había juntado con una mujer mayor que él y ésta le parió 3 hijos: Enrique, el leal amigo de la infancia y de la temprana adolescencia de nuestro hermano menor Arnaldo; una segunda hija llamada Margélis, cuyos rizos imitaban a los de Shirley Temple, pues eran dos gotas de agua, y la última, Normalia, quién hacía de motivación para el grito que acuñaría mi papá más tarde:

¡Normal como Normalia! - Este grito, o expresión  hacía referencia a una situación cotidiana o en su lugar, cuando todo fuera de control y caótico pudieran ser los eventos: aquí era donde cabía completo el dicho de:

 — ¡Normal como Normalia!

En una ocasión estando muy niño, Enrique, el hijo de Coronado, enfermó y se vio al borde de la muerte. Su padre, solícito en sus cuidados, llevó la cuenta todos los bolívares que empleó en las recetas, médicos y asistencia. Coronado había invertido una cantidad asombrosa de dinero en su recuperación. Y esa cuenta siempre salía a relucir. Enrique tenía un precio.

En los años 70, Cuando tuvimos nuestra conversión del catolicismo al cristianismo evangélico, nos llevamos en ese remolino a Enrique. Arnaldo, su fiel amigo, lo evangelizó. Enrique nos acompañaba a cuanta campaña evangélica hubiera. Coronado, a regañadientes, le concedía permiso para que con nosotros, saliera a cualquier lugar de Maracay, seguramente se trataba de algún sitio al escampado, o alguna cancha de básquet de cualquier barrio de la ciudad.

Me lo cuida, señora Elisa, Enrique va con ustedes a la campaña, pero que no le pase nada, ¡ese muchacho me costó dinero!- A todos nos parecía asombroso que  asociara la vida del niño al costo del restablecimiento de su salud. Mi mamá veía con recelo quedarse al cuidado y responsabilidad de Enrique, pero como éramos todos unos loquitos, el mismo Coronado nos bautizó con el remoquete de; Fanáticos

Coronado, tenía una elevada autoestima, decía de sí mismo que  provenía de las Grandes Ligas, a lo que en su ausencia mi papá ripostaba:

— ¡De las grandes ligas de... Pantaletas! - Su grito y ocurrencia nos divertía.

Volviendo al tema de las bicicletas. Nuestro padre iba en su bicicleta a nuestra casa, divertido pero cansado, sudado, o quizá trasnochado después una de sus jornadas nocturnas en Telares de Maracay, del turno de 2 a 10 de la noche. Los sábados, la jornada era hasta medio día. Dejaba su telar o sus hilos o cesaba la tarea de recoger canillas en los grandes salones de la textilera. Ha debido dejar todo impecable, sin una tacha. De allí se iba al baño, se lavaba la cara, brazos y se componía. Caminaba a la zona de aparcamiento de las cientos de bicicletas que eran emblemáticas, el transporte popular de los hombres en Maracay. 

La bicicleta de mi papá era única, fuerte y de la marca italiana Rally. Según él, era de las mejores.  También podía alternar con otra bicicleta que llamaban de reparto. Ésta tenía una caja hecha de tubos de metal y que fue diseñada por él mismo y algún soldador la hizo bajo sus instrucciones a la medida de sus gustos y necesidades.

La bicicleta de reparto era un vehículo de carga pesada, su uso era para tareas mayores, entre las que se contaba llevarnos a la escuela, metidos en ese cuadro anterior. Ese paseo era lo más divertido e interesante porque para él, no había distancias, mientras más recovecos pudieran sortear, mejor. Para él no había cabida `para la definición de la línea recta, "como la distancia más corta entre dos puntos". Tal definición no existía, mientras más enrevesada fuera la travesía,  mejor.

Pasado un tiempo, las bicicletas nos quedaron chicas. Les llegó el turno de ser pasajeras sentadas en el tubo de la bicicleta a dos niñas, nuestras sobrinas Betsabeth y Marisela. 

Pasear en bicicleta era bueno, pero lo genial era el conductor. Mientras pedaleaba, silbaba o entonaba estribillos de sus canciones entrañables, así como también podía soltar algunos de sus gritos de guerra.

— ¡Normal… como Normalia!

NUEVAS FOTOS DE ROBERTO MOLINARES

Profesor Roberto Molinares Escritor Venezolano Roberto Molinares Cantautor Ponencia del Profesor Roberto Molinares     ROBERTO MOLINARES PRO...